Qué ventanas conviene motorizar primero
En Elche hay persianas que se mueven varias veces al día: la del salón que da a poniente, la del dormitorio que se baja en las horas de más calor o la de un ventanal grande que pesa demasiado para la cinta. Son las primeras candidatas. Motorizarlas ahorra esfuerzo y, sobre todo, hace que la persiana se use cuando conviene y no solo cuando apetece tirar de ella.
No hace falta motorizar la casa entera de una vez. Muchas familias empiezan por dos o tres ventanas y amplían después, porque cada persiana lleva su propio motor y no depende de las demás. Le indicamos en cuáles se nota más la diferencia y en cuáles la cinta sigue siendo suficiente.
Cómo transcurre la instalación
Retiramos la tapa de registro, desmontamos la polea y sacamos la cinta; el recogedor de la pared deja de hacer falta y su hueco puede servir para el pulsador. Después introducimos el motor en el eje con la corona y la rueda de arrastre que corresponden a su perfil, lo fijamos a un soporte firme en el lateral del cajón y conectamos la alimentación.
Antes de cerrar comprobamos que el paño corre sin roces por las guías y que los tirantes aguantan: el motor tira con una fuerza constante y no perdona una guía abierta ni una lama fuera de sitio. También estimamos el peso de la persiana, para que el motor elegido tenga el par necesario sin quedarse corto ni ir sobrado.
Pulsador, mando a distancia o las dos cosas
El pulsador de doble tecla, una para subir y otra para bajar, es el más intuitivo y no necesita pilas. El mando a distancia, con motores de receptor por radio, permite mover una persiana desde el sofá o agrupar todas las de una fachada en un mismo canal. Nada impide combinarlos: un pulsador junto a cada ventana y un mando general para toda la vivienda.
Si la corriente no llega cerca del cajón, estudiamos el recorrido más discreto para llevarla, por canaleta del color de la pared o empotrada, según prefiera. Se lo explicamos antes de empezar, con el trazado a la vista, para que no haya sorpresas.
Paradas bien reguladas y averías del motor
Cada motor incorpora dos finales de carrera, mecánicos o electrónicos, que marcan hasta dónde sube y hasta dónde baja la persiana. Los regulamos para que la lama final descanse en el alféizar sin apretar y para que el paño se detenga arriba sin golpear el cajón. Si después de un cambio de lamas la persiana no cierra del todo, basta con reajustarlos.
Cuando un motor deja de responder, lo primero es descartar lo sencillo: el pulsador, las pilas del mando, la corriente o un paño atascado. Conviene saber, además, que estos motores se protegen del sobrecalentamiento y se detienen tras muchas maniobras seguidas hasta enfriarse. Si el fallo es del propio motor, lo sustituimos por uno compatible con su eje y volvemos a regular sus paradas.




